e9.

Las fatigas de la muerte II
(realismo capitalista químico)

una exposición de Isaías Griñolo
10.ENE.2026 — 07.FEB.2026




Cuando todo baja
(fosfoyesos y crisis de civilización) 
por  Jorge Riechmann


Tengo una relación íntima con los fosfoyesos de Huelva. Esa enorme cantidad de residuos tóxicos y radiactivos (unos 120 millones de toneladas acumuladas desde 1968 a apenas medio kilómetro de la ciudad) proceden de la fabricación de fertilizantes de síntesis1. Ya con eso aparece una relación carnal, compartida con casi todos mis conciudadanos y conciudadanas: mi cuerpo, como el de todas las personas que hemos crecido en sistemas alimentarios agroindustriales (como el que tomaba forma en la España franquista de los años sesenta), está construido básicamente con petróleo y gas fósil, a diferencia de los cuerpos de generaciones anteriores (que se construían con luz solar)2. Y en esa construcción agroindustrial de los cuerpos españoles, la fabricación de fertilizantes es una pieza clave (amoníaco como resultado del proceso químico de Haber-Bosch, y fosfatos de origen mineral, en la base de los típicos abonos industriales N-K-P)3.

Pero mi intimidad con los fosfoyesos va más allá. En los años sesenta (yo nací en 1962) se instalaron en España plantas modernas de fabricación de amoníaco, y en los setenta el sector se fue concentrando de forma notable. Mi padre, formado como perito agrícola, trabajó toda su vida en estas empresas de fabricación de abonos nitrogenados y fosfatados que por otra parte fueron absorbiéndose y fusionándose a lo largo de los años: Unión Española de Explosivos, Explosivos Riotinto, Fertiberia, ERCROS… Esto es: el salario que entraba en casa (mi madre trabajó como «ama de casa», sin venta de fuerza de trabajo a terceros) provenía de la fabricación de esos fertilizantes sintéticos cuyos residuos de producción se amontonan en la balsa de fosfoyesos onubense. Y así, no sólo mi cuerpo sino también mi alma, en cierta forma, han sido construidos a base de fosfoyesos: toda mi formación para llegar a ser quien soy (educación primaria y secundaria en un centro privado, clases adicionales de francés en el Institut Français de Madrid o de alemán en el Instituto Goethe, alguna estancia en el extranjero…) fue costeada por el salario de mi padre, ganado en el sector de los fertilizantes. Y como no hay producción industrial sin generación de residuos4: ganado a base de fosfoyesos.

Lo que he contado no es una historia privada que se pudiera desechar como anecdótica. Si examinásemos las biografías de casi cualquier persona que haya crecido en la España del desarrollismo franquista (esto es, en la incorporación tardía de nuestro país al mundo industrial a partir de los años cincuenta), o después hasta llegar a hoy mismo, encontraríamos una situación parecida: nos hallamos entremezclados con fenómenos de dominación y destrucción que escapan a nuestro control individual. La gran mayoría de los empleos que ofrecen nuestras sociedades tienen como efecto daños a la naturaleza y a la salud humana análogos a los que causan los fosfoyesos de Huelva: sólo que a veces ocurren más lejos de donde nos encontramos (el Norte global conserva una capacidad notable de «externalizar» costes y daños lejos de los centros, y hacia las periferias).

En la guerra contra la naturaleza que mantienen las sociedades industriales, la conscripción es forzosa para casi todo el mundo, y nos vemos empuñando las armas como guerreros letales casi sin darnos cuenta. Unos versos de Idea Vilariño recogen bien el fenómeno de nuestra caída: «Como un jazmín liviano/ que cae sosteniéndose en el aire/ que cae cae cae/ cae./ Y qué va a hacer.»

Algo de análisis (que por razones de espacio no puedo emprender aquí) nos haría ver que para salir de estas relaciones estructurales de violencia no basta la deserción individual: necesitamos trabajar por un cambio sistémico (abolir el ejército). Si regresamos al caso concreto de los fosfoyesos: se trataría de salir del sistema agroindustrial, y reducir nuestra dependencia de los fertilizantes sintéticos mediante una transición agroecológica a gran escala que nos permita volver a construir los cuerpos a partir de la luz solar (y no a base de petróleo y gas fósil).

«Qué difícil es/ cuando todo baja/ no bajar también», dice una copla de Antonio Machado… Ya sé que hoy la noviolencia nos resulta casi inimaginable —hasta tal punto vivimos en sociedades asentadas sobre violencias de todas clases (de género, coloniales, laborales, contra los demás seres vivos y la naturaleza…)—, pero ¿tenemos otra opción? Si hablamos (desde hace decenios) de crisis de civilización es porque la guerra de las sociedades industriales contra la naturaleza se aproxima a su desenlace en forma de colapso ecológico–social. No se trata sólo de calentamiento global (habría que hablar más bien de tragedia climática)5 o de crisis de biodiversidad (en términos más precisos, Sexta Gran Extinción):6 chocamos con violencia contra los límites biofísicos de la Tierra. Justo en 2025, la acidificación de los océanos es el séptimo de los planetary limits (según el marco de investigación del Instituto de Resiliencia de Estocolmo) que las sociedades industriales estamos sobrepasando en el tercer decenio del tercer milenio7. Y frente a todo ello, la reacción de las élites del capitalismo es nihilista y exterminista8.

Aunque sea difícil, cuando todo baja, no dejarse caer, recordemos: tenemos la poesía. Tenemos la tierra viva y el océano vivo. Tenemos el olor del azahar y el desnudo de la persona amada. Tenemos el alfabeto de las nubes y la canción de los grillos. ¿Cómo vamos a permitir que triunfen el odio, la crueldad, el exterminio, la extinción?

_________


1 Las balsas de fosfoyesos de Huelva se generaron entre 1968 y 2010 durante la fabricación de ácido fosfórico a partir de roca fosfática (para elaborar abonos fosfatados, «superfosfatos»). Esta roca, de origen sedimentario, tiene concentraciones naturales de uranio y torio radiactivos. A las balsas onubenses se añadieron ciertas cantidades de otros residuos tóxicos. Sobre la historia política y judicial de los fosfoyesos, véase por ejemplo Raúl Bocanegra: «El problema radiactivo de los fosfoyesos de Huelva, una historia interminable», Público, 5 de mayo de 2023; https://www.publico.es/politica/problema-radiactivo-fosfoyesos-huelva-historia-interminable.html

2 «Seis de cada siete calorías que ingieren los europeos provienen de los combustibles fósiles y solo una de la fotosíntesis que provoca la luz solar. Y nueve de cada diez calorías son de origen fósil para los norteamericanos. Así, Dale Allen Pfeiffer puede decir con toda propiedad que comemos petróleo.» Pedro Prieto, «Lo prescindible», 22 de julio de 2013; https://lacrisisenergetica.wordpress.com/2013/07/22/lo-prescindible/

3 Hasta entrado el siglo XX, se usaron abonos nitrogenados de carácter natural como el nitrato de Chile. Se llega a los fertilizantes de síntesis como fruto del esfuerzo bélico durante la Primera Guerra Mundial (amoníaco para fabricar explosivos). En nuestras sociedades de agricultura industrial, hasta el 80% del nitrógeno presente en nuestros cuerpos (donde es un componente estructural) procede del gas natural por la vía de los fertilizantes de síntesis con los que cultivamos alimentos (gracias al proceso químico de Haber-Bosch, que transforma el nitrógeno atmosférico en amoníaco asimilable por las plantas).


4 Aquí es importante la visión de conjunto de la economía ecológica y la noción de producción conjunta. Frente a las ilusiones de la economía convencional, la economía ecológica señala que todo fenómeno de producción entraña siempre, necesariamente, también una destrucción; las fuerzas productivas son siempre productivo-destructivas. Y en los últimos dos siglos de desarrollo capitalista, el segundo fenómeno ha ganado constantemente en importancia, en forma de aumento de contaminación, deterioro de la base de recursos naturales...

El concepto de producción conjunta (Kuppelproduktion en alemán, joint production en inglés) dice lo siguiente: la producción de bienes siempre viene acompañada de la generación de «males». Cuando producimos bienes y servicios, creamos siempre también efectos indeseados («males») que muchas veces son perjudiciales para la salud de los seres vivos y para el medio ambiente. La producción conjunta está vinculada estrechamente con las leyes de la termodinámica: de hecho, es una consecuencia de la primera y la segunda ley. Se puede describir cualquier proceso productivo como la transformación de cierto número de insumos en cierto número de productos, cada uno de los cuales se caracteriza por su masa y su entropía. De las leyes de la termodinámica se sigue entonces que cualquier producción es producción conjunta, dado que la materia y la energía se conservan pero la entropía aumenta (vale decir, la calidad de la energía mengua). En particular, los procesos productivos que generan bienes deseados (caracterizados por su baja entropía) producen necesariamente residuos y contaminación (caracterizada por su alta entropía).


5 Jorge Riechmann, «Crisis climática», revista Nuestra Bandera 267 (monográfico Vivir dentro de los límites planetarios: otro paradigma es posible), segundo trimestre de 2025.

6 Jorge Riechmann, «Ética y diversidad biológica», en Joaquín Araujo (coord.), Biodiversidad en España, Lunwerg, Madrid 2010.

7 Recapitulemos: en 2009, un grupo de investigadores (desde el Centro de Resiliencia de Estocolmo) propuso una nueva forma de medir la crisis ecológico-social: utilizarían como indicadores varios procesos clave para la vida en la Tierra, como la integridad de la biosfera o la capa de ozono. Estas personas especialistas descubrieron en un primer informe que tres de esos indicadores ya habían sido sobrepasados y, en 2023, elevaron la cifra a seis (es decir, dos de cada tres límites planetarios ya se habían alcanzado). Y lanzaron una advertencia: de continuar la quema de combustibles fósiles, la acidificación de los océanos no tardaría en unirse a los indicadores clave superados de la crisis climática. Ahora, un estudio demuestra que ese límite también ha sido sobrepasado. «Es una bomba de relojería», resume uno de los investigadores. Véase Deva Mar Escobedo: «La Tierra sobrepasa otro límite planetario: la acidificación de los océanos supera niveles críticos», El Salto, 11 de junio de 2025; https://www.elsaltodiario.com/oceanos/tierra-sobrepasa-otro-limite-planetario-acidificacion-oceanos-supera-niveles-criticos

8 Impresionante, al respecto, el análisis de Gil-Manuel Hernández, «El normal caos del exterminio», que se abre con esta cita de Maurizio Lazzarato: «El genocidio y la limpieza étnica practicados por los israelíes sobre los palestinos no sólo ponen de manifiesto la relación colonial, sino también el nivel de enfrentamiento al que están dispuestas las clases dominantes, los capitalistas y gran parte de la opinión pública del Norte del mundo». Véase Gil-Manuel Hernández, «El normal caos del exterminio», Rebelión, 24 de septiembre de 2025; https://rebelion.org/el-normal-caos-del-exterminio/



 




descargar catálogo













martes a viernes: 11 a 19 h / sábado: 11 a 14 h calle Morenés Arteaga 9, 28019, Madrid